miércoles, 10 de mayo de 2023

RESEÑA DE ETICA DE LA LIBERACION

La ética de la liberación piensa y explica el sentido de un nuevo proyecto histórico, la nueva bondad, el ser fututo como utopía positiva, el interés de los oprimidos como horizonte de liberación. El nuevo momento de ser destruye al anterior, pero todavía no rige estados ni tiene leyes a su servicio, ni ha triunfado todavía. El proyecto de liberación, es así fundamento de la nueva moral, pero fundamento distinto y opuesto al antiguo proyecto. La dialéctica entre el proyecto vigente en nombre del cual se reprime al pobre, y el nuevo proyecto de liberación por el que lucha el oprimido, es el origen de toda la ética. La ética de la liberación no carece de fundamento por oponerse al fundamento del sistema moral presente. Lo que acontece es que tiene otro fundamento, utopía futura, ser, fin, bondad opuesta a la del sistema actual. En nombre de dicho fundamento se eleva un pueblo contra los intereses de las clases dominantes del sistema actual y lo declara inmoral. 

La ética de la liberación justifica al liberador y le explica por qué su virtud de valentía es juzgada por el sistema como cobardía, subversión, pura destrucción malvada, comunista, es decir, el vicio supremo. Para la virtud vigente sus acciones son viciosas; pero debe saber que sus acciones son la virtud que juzga a los defensores del sistema como los viciosos, los Pinochet, los Somozas. La ética de la liberación invierte el sentido de las virtudes, pero al contrario que Nietzsche adora las virtudes conquistadoras de los guerreros dominadores; la ética de la liberación justifica las virtudes del servicio al pobre, al oprimido; es una ética de misericordia, de bondad. La guerra justa, el empuñar el arma, la entrega de la vida son posibles si son medios adecuados para defender al pobre, para organizar un nuevo sistema. Siempre en la justicia, no haciendo al opresor lo que ellos hacen con los oprimidos. El comandante Borge, en Nicaragua, sólo dio treinta años de prisión al que lo había torturado personalmente; y sólo treinta años dieron al torturador que había primero violado a una comandante sandinista para después llevarla a la muerte en horribles torturas. La ecuanimidad del liberador es proporcional a su magnanimidad. No odia a los dominadores como personas; odia las funciones y estructuras de dominación que debe aniquilar para que se libre al opresor. Debe por ello usar medios adecuados para destruir las estructuras de dominación y así liberar al dominador de su función de dominador y al dominado de su posición de oprimido. Destruyendo el orden moral antiguo destruye las funciones estructurales del mismo. 

La posición o valor que Foucault impone a la vida, ratifica el desarrollo de sus conceptos por un lado de Biopoder, que se refiere a la práctica de los estados modernos de explotar numerosas y diversas técnicas, para dominar o someter los cuerpos y controlar la población; y el de Biopolítica, por otra parte, que alude a la relación entre la política y la vida. Esto significa, tal como lo considera Dussel, que Foucault pasa del orden formal del lenguaje al orden material, es decir, el nivel de la producción, reproducción y desarrollo de la vida corporal humana de cada sujeto ético. Descubre un orden más radical que el del discurso: el nivel material de la ética. El orden del Poder es pues, material. En el análisis del autor, el éxito de la razón estratégico-crítica es, no ya el del medio-fin formal del sistema vigente, sino el pleno desarrollo de la vida misma de todos. Es decir, la razón estratégico-crítica en su ejercicio último o concreto realiza la acción transformadora, partiendo del ejercicio de los principios críticos de la razón práctico-material y discursiva formal, de las teorías científicas críticas, de los proyectos alternativos formulados, del uso de la razón instrumental técnico-crítica, en la realidad empírica teniendo en cuenta los diagramas de las relaciones de Poder. 

Un elemento central de su pensamiento es la dialéctica de la espontaneidad y la organización, en la cual debe considerarse la espontaneidad como a un acercamiento radical (o incluso anarquista), y la organización como un acercamiento más burocrático o institucional a la lucha de clases. De acuerdo con esta dialéctica, la espontaneidad y la organización no son dos operaciones separadas o separables, sino diferentes momentos del mismo proceso, de forma que uno no puede existir sin el otro. Esta visión teórica surge de la lucha de clases elemental y espontánea; y gracias a estas perspectivas es como la lucha de clases se desarrolla hacia un nivel superior.

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